SONORIDADES
Intento ser una caja de resonancias.
Escucho afuera, adentro. Diálogo entre lo que soy y lo que voy hallando que repare la herida, que pueda articularme. Que me haga una y no fragmentos de algo disperso en miles de partes.
Entre este aquí de umbral en sombras y ese allá al paso de la luz, soy equilibrista.
No estoy ni allá ni aquí, no soy pasado ni futuro. Adentro, permanezco al resguardo, cuando en la cueva se reflejan las sombras animadas del mundo (afueras). Su reflejo de agua (adentros) donde contemplo las imágenes corroboradas por mi memoria.
Soy este preciso momento. Pasaje inventado de mi presente, sala de espera, zona de aeropuerto, espacio inhabitable que habito, invivible donde vivo. Desarraigado. Lugar donde los vientos pasan, entran y siguen de largo, no se detienen, pero alivian el instante de espera en que suturo grietas que me dividen. Casi puedo tocarlas con las manos.
Descubro que entre yo y lo otro, entre aquí y allá, y esta penumbra del mundo allá afuera, hay un vínculo, un puente que aúna lo que soy y lo que ignoro de mí, por más rota que me sienta. Como en la técnica de cerámica japonesa conocida como Kintsuki o Kintsukoroi, que busca reparar la pieza rota pero no ocultando su fractura, todo lo contrario, mostrándola, destacándola con reparación de oro (o plata) y de ese modo haciéndola más bella tras el accidente sufrido.
Somos más que nuestras heridas. Y somos también piezas de arte reparadas en el camino que cuentan una historia, que sobreviven.
Desde la penumbra rota, me escucho. Soy caja de resonancias, reflejo, ecos. In Between.
Desde mi umbral.



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